La lucha del león contra la nada

Jesús León Santos fue reconocido con el Premio Ambiental Goldman 2008 para Norteamérica, algo así como el Nobel a la ecología.

foto: goldmanprize.org

Se nos acaban los árboles. La tala indiscriminada es un problema mayúsculo de efectos trágicos: se agrava la condición del calentamiento global, la lluvia no llega y los mantos acuíferos se secan, la tierra se erosiona, desaparecen las colinas. La Sierra Mixteca, en el estado de Oaxaca, ha sufrido el desgaste de la deforestación para la creación de áreas de cultivo, ante los ojos de todos. Durante años se importaron semillas de maíz que requieren el uso intensivo de fertilizantes químicos que, paradójicamente, vuelven la tierra infértil. Los subsidios agropecuarios en Estados Unidos en la década de los ochenta hicieron disminuir el precio del maíz, por lo que importarlo a México era más fácil que producirlo localmente. El conjunto de estas circunstancias tuvo como consecuencia el abandono de la Mixteca: sus habitantes no tuvieron más remedio que colgar el azadón e irse en busca de trabajo.

Hace veinte años, preocupado por el desolado panorama, Jesús León Santos, un campesino indígena, comenzó a trabajar para recuperar su tierra; así, organizó a sus vecinos y fundó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (CEDICAM). Hasta hoy, han sembrado más de un millón de árboles, todos nativos de la región, han rescatado del olvido técnicas tradicionales de cultivo, como las terrazas, y han implementado otras como las zanjas de contorno y los muros de retención. Con ello han elevado la captación de agua al igual que la cantidad de materia orgánica requerida por el suelo para ser productivo.

El efecto de este esfuerzo, lento pero seguro, ha sido el renacimiento de la tierra y sus habitantes: se detuvo la erosión por el arrastre del agua y se ha logrado disminuir la tasa de emigración. Los mixtecos pueden quedarse en casa y producir sus alimentos, suficientes incluso para comercializarlos. También cuentan con fuentes limpias de leña para sus estufas y abogan por el uso de fertilizantes verdes y la práctica sostenible de la agricultura. Sin embargo, lo más importante tal vez sea que los campesinos recuperaron su tierra, su forma de vida y el orgullo de ser lo que son: hijos del maíz. Todo esto hizo que Jesús León Santos despertara el interés internacional y fuera reconocido con el Premio Ambiental Goldman 2008 para Norteamérica, algo así como el Nóbel a la ecología, que celebra también sus veinte años de existencia.

Ojalá la tierra nos dé más leones como Jesús que, con su lucha, nos recuerda que las raíces de los árboles nos detienen de resbalar hacia la nada.

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