Un mexicano en España XII – Movida y Malasaña (1 de 2)

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1.- Antecedentes de la Movida

He tenido muchas conversaciones con amigos españoles sobre las diferencias entre ambos países pero habiéndome avocado esta vez a la tarea de hablar de uno de mis barrios favoritos, me viene a la memoria un charla con Eme, en la que cada quién daba sus puntos de vista respecto de la identidad cultural según los gustos musicales. Pues bien, ese barrio es Malasaña y esos gustos los de la Movida Madrileña contrastados con los del Rock en tu Idioma, respectivamente. Dicho esto empezaré con una breve recapitulación, semilla de las diferencias al respecto.

El Madrid de los años 80s del siglo pasado, es el Madrid de los tiempos de la Transición Española, ése periodo histórico en el que se da el proceso por el que España deja atrás el régimen de Francisco Franco para seguir la ruta que un día impulsó la Revolución Rusa de 1917, o nuestro propio antecedente de los años posteriores a la Constitución. España, que había mirado de cerca la evolución social de occidente pero cuyo régimen dictatorial había prohibido el contacto directo que provoca la emulación y por tanto la identidad de fondo, decide en esos años de enjundia y libertad acelerar el paso. Este frenesí se convierte en lo que la historia reciente llama Movida Madrileña.

Malasaña, también llamado Barrio de Las Maravillas, es único en toda España pues aúna a su hermosura arquitectónica su ambiente alternativo y su vida nocturna; es como una villa con vida propia a donde, si se entra a pie, es mejor a sabiendas de lo que a uno le espera ahí: aceras de medio metro plagadas de todo tipo de locales de vanguardia o decimonónicos, mezclados con chiringuitos latinos o asiáticos, y limitadas por bolardos: postes metálicos bajos que salen del suelo y que dan un aire europeo a las calles -de por sí llenas casi siempre de gente- pero que dejan recuerdos en las rodillas ciegas y en los motociclistas distraídos.

Dicho esto retomo la charla motivo de mis recuerdos. Eme, reconocida Gata (auto gentilicio de los madrileños para situarse del lado de lo alternativo y nocturno) estaba convencida de que la Movida había sentado precedentes también a nivel Iberoamericano, que sus exponentes musicales (los más reconocidos de entre la masa artística que por ese entonces era cualquiera con una idea) habían traspasado de tal manera las fronteras culturales que podíamos hablar de una Movida en Español en toda Latinoamérica. Sus argumentos, aunque no me convencían, tenían fundamento: la Movida había exportado, con muchísimo éxito, a grupos de rock como Mecano, Hombres G, La Unión, Radio Futura o Los Toreros Muertos, por citar algunos.

Sin embargo, y a pesar de tal evidencia, a nivel de huellas históricas en nuestro mundo latinoamericano la Movida no representó la misma avant-garde socialmente pues en España fue signo de libertad furiosa desatada por el aislamiento y llevada hasta excesos que al día de hoy no conocemos en México (por lo menos en la vida social consensuada por todos los estratos); excesos que fueron parte inherente de la explosión musical y en los que la Plaza de Malasaña tuvo, hasta hace unos años, el honor de ser su laboratorio de pruebas.

La Movida fue, sin resumir pero con afán aclaratorio a los faltos de noticia, una época de explosión creativa en que la juventud madrileña se unió en torno a la idea de libertad que tanta falta hacía, y que promovieron grupos que luchaban contra el sistema pero acabaron irremisiblemente unidos a él -como pasa con casi todas las revoluciones-. Fue un mecanismo social autogenerado por las expectativas, siempre imposibles, de libertad total (digo imposibles porque ninguna sociedad por avanzada que sea, como la Holandesa donde viví medio año, puede generar una libertad total sin destruir sus fundamentos: la capacidad de elegir).

En menos de una década, algunos de los héroes de esa vanguardia frenética pasaron a ser héroes muertos pues la adicción a la heroína, a la cocaína, al LSD y ya no se diga al alcohol y al cannabis se extendió salvaje, por un lado, con el agravante del desconocimiento de la juventud respecto a los efectos destructivos que implicaban y, por otro, con el empuje económico a raíz de la recién estrenada democracia y la incorporación de España al proyecto europeo; por no decir que las autoridades difícilmente podían oponerse a esta faceta del movimiento, siendo este tan legitimado masivamente, al grado de que aquellos que manejaban las provisiones del exceso hicieron del vendedor de droga -camello- una figura mítica y pseudo-romántica también tolerada, incluso hasta hoy.

Por eso decía a mi amiga en aquellas charlas que la movida no se limitaba al desenfreno lúdico y creativo conocido por nosotros en México pero mucho menos tolerado públicamente, pues cuando hablaba de grupos de creadores me refería también a algo que en México es aún inédito y probablemente nunca se dé: la noción de un político con poder implicado, directamente, con la defensa de tal movimiento y aún con sus excesos. El alcalde Enrique Tierno Galván, figura histórica en este sentido, llegó a decir: ¡liadse unos porros! (rolarse unos churros).

Esto por supuesto fue grandioso para los jóvenes que veían en el movimiento una novedad y también un escape. Sin embargo, las diferencias sociológicas de esta índole no fueron las únicas. Le expliqué a Eme que aunque esos grupos musicales ciertamente habían triunfado en México, unos lo habían hecho aprovechando una oportunidad histórica, y otros destacando por su calidad o su atrevimiento, pues en México siempre habíamos escuchado música en inglés (o versionada al español) y no todos los grupos españoles (aunque sí algunos como Mecano o Radio Futura) habían triunfado dejando además, tras de ellos, la estela de la originalidad y, lo que es más, de sofisticación.

Le expliqué, con la música en cuestión de fondo, que los sonidos netamente ochenteros y venidos de Norteamérica, que influenciaban notoriamente a la mitad de los Movida, no cabrían en la historia contemporánea de un México donde Los Caifanes, Café Tacuba o Soda Stereo proponían literalmente nuevas formas de entender el idioma español y el rock. Pero ella me dijo, al escuchar precisamente a Caifanes y a Soda: “suenan ochenteros, y no suenan nada originales” ante lo cual me quedé estático (para no deshacer la amistad) y recordé que tales grupos no triunfaron en absoluto en España, tal vez por algo.

Carlos Manuel Torres Guerrero / criticarlos.wordpress.com

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5 Comentarios

  1. Vic
    Publicado 12 de enero de 2010 en 01:53 | Permalink

    Pues veras, en los ochentas todos los de mi generación eramos bastante fresas, no había drogas, sólo alcohol,
    ibamos en la prepa 9, cerca de lindavista, la industrial y la guadalupe tepeyac, maravillosos tiempos; hoy día, en las fiestas de chavitos todavía ponen a Charly, a Caifanes, a Soda, a La unión; se nota que esa música no ha pasado de moda por acá.
    Yo estuve en españa en 2002, mucha droga y mucha giña, prefiero lo nuestro. Saludos.

  2. G
    Publicado 14 de diciembre de 2009 en 19:20 | Permalink

    Mi querido Carlos, no caigamos en el error de hacer juicios de cosas que no vivimos… no conozco a nadie que haya muerto a causa del cannabis o del LSD y NO ES POR HACER APOLOGÍA… Pero el Dr. Hofmann murió con 102 años y el cannabis cada vez está más legalizado para uso farmacológico… ¡Cuidado con los tópicos!, no pequemos de ignorantes y sobre todo no nos hagamos los ingenuos…

    Y como Gata que soy (y no por andar de noche sino por ser descendiente de Madrileños) y que he vivido en parte los coletazos de La Movida, opino que la gente que murió y muere aún hoy, no lo hace por el consumo, sino por ellos mismos, su desequilibrio y su abuso personal… por querer alcanzar límites que atentan contra su propia integridad, o por “disfrazarse” para destacar en las noches del Morocco (discoteca típica de la Movida) en vez de mirarse a si mismos, comprenderse y evolucionar… pero de eso no tiene la culpa el aditivo… a lo mejor sin él se habrían tirado mas del Puente de Segovia y hubiéramos recordado la época como la de los suicidios masivos por falta de horizonte, quien sabe…

    En mi opinión, la gente que murió en La Movida fue la que quiso, como el niño, alcanzar el límite de la libertad a ver que ocurría, claro que después de 40 años de dictadura y sin guía ni recomendación, no cayeron en la cuenta de que inconscientemente se ataban a algo igualmente, fue su falsa libertad y de eso es de lo que tenemos que aprender.

    Bueno, es mi opinión Carlos, como Española y Madrileña… respeto tu visión, aunque te pido que respetes igualmente lo que se ha caminado y lo que hemos aprendido, porque eso es lo que podemos enseñar al mundo…

    No caigas en el lado oscuro de la fuerza…

    G.

    • carlos torres
      Publicado 15 de diciembre de 2009 en 00:21 | Permalink

      G:

      Estoy de acuerdo contigo en todo. Generalizar y hacer juicios a priori sería un error al tratar de entender momentos tan trascendentes en la vida social de un país, como el de la movida. Mi intención nunca fue calificarla negativamente, al contrario, fue subrayar aquellos puntos que creí oportunos a la hora de contar algo más a los mexicanos: el punto de vista de mi amiga respecto de su influencia y su transculturización en mi país.

      En realidad no creí que mencionar algo tan obvio como que mucha gente murió por sobredosis de heroína (heroína… heroína) fuera a causar algún estupor; por supuesto el cannabis está cada vez más legitimado, y según dices, tal vez de no haberse pasado con las drogas, aquellos pobres chicos se habrían tirado del Puente de Segovia; pero eso no legitima los excesos de una época y como también subrayas, cada quien ha de mirar en sí y ser consecuente con lo que lleva dentro.

      Por lo demás mi punto de vista no difiere en lo absoluto del tuyo. Lo de la nocturnidad de los gatos me lo explicó así mi amiga madrileña, pero es bueno saber que también es tradición y arraigo. Espero no pecar de ignorante ni ser ingenuo, si no tan sólo seguir pecando hasta llegar a los 102 años del Dr. Hoffman. Me gusta que la columna genere intercambio de ideas. Aunque, la verdad, no entiendo lo de el lado oscuro de la fuerza, pero te invito a que nos lo comentes, mi máxima aspiración en este espacio es que “Mexicano en España” genere ideas creativas, constructivas…

      Igualmente te invito a escribirme en Facebook y en Gmail.

      Un saludo grande.

  3. Publicado 12 de diciembre de 2009 en 15:27 | Permalink

    Sobre la tolerancia con los “camellos”, España es el país de la UE con el más alto porcentaje de población reclusa (cerca de setenta mil presos), de la que nada menos que un tercio corresponde a condenados por delitos contra la salud pública, sin olvidar que a éstos habría que sumar varios miles de presos condenados por delitos cometidos para sufragar su adicción. Uno empieza a estar particularmente harto de que se presente a uno de los países europeos más fanáticamente prohibicionistas como un paraíso de tolerancia con el uso de drogas.

    El pobre Tierno Galván ha sido el chivo expiatorio de nuestra ultraderecha, que le responsabiliza de la expansión del uso de drogas en España por una frase inocente pronunciada en un concierto de rock: “El que no esté colocado, que se coloque y al loro”. “Colocarse” es entre nosotros sinónimo de “drogarse”, pero es bien sabido que Tierno no conocía este doble sentido de la palabra.

    Por último, se ha exagerado hasta la náusea el impacto de las drogas en España durante la década de los ochenta, al tiempo que se ha hecho todo lo posible por ocultar bajo un pesado manto de silencio la responsabilidad de nuestras autoridades sanitarias en la expansión del SIDA, causado por la insistencia a ultranza en los programas libres de drogas y en detrimento de medidas de reducción de daños -como el reparto de jeringuillas limpias- que podrían haber evitado miles de contagios y de muertes.

    • carlos torres
      Publicado 12 de diciembre de 2009 en 19:16 | Permalink

      Estimado ddaa:

      De antemano te agradezco tu interés, y tus palabras lúcidas y coherentes. Es cierto, España lucha sin cuartel contra los narcotraficantes, pero mi punto de vista, recordemos, está de alguna manera afectado por la subjetividad propia de un mexicano en Madrid. En México, encontrar a un “camello” puede ser cosa de ir por lugares inhóspitos y muy peligrosos, mientras dicha tarea en España supone a veces tocar la ventana de una vivienda a pie de calle en casi cualquier barrio, o pasear en una tarde soleada por el parque del Retiro. Respecto al pobre Tierno Galván estoy totalmente de acuerdo, fue usado como chivo expiatorio por grupos cuyos intereses en oposición eran directamente proporcionales con la tolerancia y apertura ideológica que este alcalde (muy admirado por mí) creyó oportuno manifestar en ese momento histórico; pero igualmente, como dije en la columna y al margen de juicios morales, en México una declaración de ese tipo sería casi imposible (aunque se den otras que a los europeos les parezcan aún más polémicas, y con razón).

      Por último, respecto al SIDA las medidas que subrayas que no se llevaron a cabo en España en su momento, están legitimadas por países como Holanda y Suiza desde hace tiempo, y como bien dices suponen un avance en la prevención de infecciones y de muertes por sobredosis; pero, otra vez al margen de eso, la Movida fue un avance vertiginoso del país hacia una forma de libertad que implicó sus peligros y sus consecuencias, como en todos los grandes cambios sociales, y esas consecuencias no implican – por lo menos para mí- juicios morales a posteriori, pero sí sientan unos precedentes que en el menor de los casos nos harían reflexionar sobre las futuras generaciones y los riesgos que implica su uso de la libertad, ganada a pulso de décadas de reclusión. Lo mismo pasó en Estados Unidos en los setentas, donde el necesario y hermoso movimiento Hippie pasó a evidenciar una carencia: los seres humanos no podemos ser libres sin equilibrio.

      Un saludo afectuoso ddaa. Siempre estaré interesado en tus comentarios. Puedes buscarme en Facebook o escribirme a carlostorres1975@gmail.com

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