Era medianoche y no podía pensar con claridad, lo único que sonaba en mi cabeza era: ¿Y si se me acaban las historias? ¿Y si no se acaban pero ya no puedo contarlas? ¿Y si aún puedo contarlas pero ya no tienen interés? Así que metí los miedos en el cajón de los olvidos y urdí un plan: hasta que llegara ese momento vaciaría poco a poco mis palabras en un espacio en blanco, las haría conjuro, mantra, hasta que cada ser que las leyera se quedara con algo y ese algo se integrara, también poco a poco, en una conexión sutil e invisible entre dichos seres, en una variedad ingente de formas humanas desde las cuales aquellas palabras reverberaran aún más, y más, hasta que…
-Como las redes sociales en Internet -interrumpió el Profesorcillo con falsa suficiencia.
-Y como el ciclo del agua, es sabido que tus orines pueden acabar lloviéndote -añadió el Sarcástico.
-Aunque también necesitamos pagar las facturas -apuntó proverbial el Filósofo-hambriento.
Era la una de la mañana y ya empezaba a recordar aquello del mexicano en España. Habían pasado 10 años, algunas cosas habían cambiado y otras no, pensé en qué interés podía tener para los demás la vida de un mexicano en este país como no fuera porque para algunos tal vida se antojara excepcional y para otros paradigmática, y de cada una de las lecturas posibles del texto naciera una nueva hecha por la alquimia de la lectura, del encuentro.
-Pero eso ya está dicho, y la retórica inocente hay que explotarla escribiendo series juveniles, que además te lucran -dijo el Crítico-mercenario.
-Ponte a trabajar -espetó con frialdad el Militar.
Los que lo vieran como excepcional se asombrarían y los segundos asentirían con la cabeza sin hablar siquiera, por ejemplo, de cuando andaba con un gran amigo en las playas de Alicante con apenas unos duros, y pidiéndole fe ciega hice rabdomancia hasta que llegamos a un restaurante cuyo dueño resultó ser un hombre que adoraba México y que, de buena manera, discutió sentado con nosotros sobre el ocio creativo de Ortega y Gasset, sobre la convergencia de fondo que daba sentido y sentimiento a los géneros que como el tango, el flamenco, el blues y las rancheras provenían de un pueblo dramatizado por algún dolor inexorable, y sobre si la X de Méjico debía escribirse con X de México y no con J de jota.
Las cañas se sucedieron unas tras otras y a mí ya se me había olvidado que no tenía ningún plan para salir de esa. Muchas veces en la vida muchas personas se encuentran en situaciones muy difíciles de resolver pero a todos nos consta que a veces, por razones que no podemos constatar según las leyes físicas o humanas, esas mismas cosas se resuelven sin que haya ninguna razón lógica o sin que necesariamente uno aplique técnicas de control. En España, como lo dije al comienzo de esta cadena de textos, el sol otorga superpoderes al mexicano.
-Como el disparo con los ojos cerrados de Luke Skywalker a la Estrella de la Muerte -dijo el Niño.
-O como cuando volvías a casa y tu primer sueldo de mesero se te cayó por la bolsa rota del pantalón y al volver sobre tus pasos encontraste cada billete rodando por el suelo a lo largo de toda la Gran Vía -dijo el Agradecido.
-Pero entonces el hombre sacó una guitarra -interrumpió el Metiche volviendo al recuerdo.
Sí, el hombre para entonces lo sabía casi todo de mí y mirándome como se mira a un vendedor de pájaros se levantó y entró al almacén, de donde sacó una vieja guitarra desafinada y heroica… Al final la gente cantaba dentro y fuera del local, los turistas se detenían un poco para ver la que habíamos montado; cantamos de Jose Alfredo, de Agustín Lara, de Silvio, de Serrat y hasta de los Héroes. Por fin llegó la noche de la noche y pasó lo que tenía que pasar, el amigo de México y de los saltimbanquis se adelantaba a nuestro suplicio, invitaba la cena y, además, a volver.
-El sabía que no traían dinero para pagar y te dio un chance. Tú sabías que no tenías dinero para pagarle y te diste un chance -dijo el Visionario mirándose las uñas con desdén.
-Pero algo así es anormal -juzgó el Juicioso- como los dogmas que formulas cada vez que explicas cosas así.
-Aunque le pueden suceder a cualquiera, y no sabes qué motivaciones pudo tener el hombre -remató el Sabio-mono.
Eran las tres de la madrugada e imaginaba que mi reflejo en el espejo, o en el plato, o en la tele, cobraría vida y vendría a ayudarme con el texto, lo que hablaba perfectamente de mi estado. En España había vivido ya una década y los miedos con los que llegué apenas empezaban a difuminarse, aunque los españoles y yo seguíamos siendo como esos novios que nunca se entregan pero nunca se dejan.
Entrar por una noche en un grupo de pijos del barrio más guay de Madrid ya no sería aberrante al oírlos insultarme veladamente ni doloroso por quedarme solo y sin saber dónde estaba, porque simplemente declinaría la invitación. Beber vino con vagabundos desconocidos ya no significaría acabar sin el teléfono móvil y un chichón en el ojo porque simplemente declinaría la invitación. Ni volvería a trabajar como mesero sin que el bar fuera mío o de mi madre, porque esas vivencias son grandes liquidaciones kármicas, y porque simplemente declinaría la invitación.
Tal vez si tuviera una Olivetti muy vieja como la de mi padre las historias se escribirían solas, desde las teclas, desde la tinta y el papel cebolla calcado y recalcado para seguir usándolo, como mi memoria.
Cerré la pantalla, pensé en tomarme una copa de vino y fumarme un cigarrillo de liar.
-Pero decliné la invitación -dijo el Gato de Cheshire dejando su sonrisa en el aire al desaparecer.
Carlos Manuel Torres Guerrero / criticarlos.wordpress.com





6 Comentarios
Nucky, ¡artista! ¿Vas a poder superar esta foto la semana que viene? ¡¡¡¡Espero ansiosa la próxima entrega del tandem surreal Nucky-Carlos!!!!
Ana, igual y un día de estos lo hacemos al revés. Belén hace la foto y yo el artículo a partir de ella. Seguro sacamos algo interesante. Muchas gracias Ana, me recuerdas a una tocaya tuya que se tele-transporta a México para relatarnos sus bellezas.
nunca había pensado en escribir esto, ni siquiera habia pensado decirlo. creo que ya ni me acordaba, de cuando llegue a barcelona y estaba sentado en un banco esperando el bus, era de noche, hacía frío y yo estaba triste recordando mi lugar, y un hombre, un vagabundo se me quedó mirando y me dijo, tienes donde pasar la noche? de repente todo se me hizo bolas, luego me di cuenta, le dije, sí gracias y sin decir mas siguió su camino… me senti menos solo en ese pueblo que entonces era extraño para mi y que ahora no podría regresar a mi país…
Pedro: Gran experiencia, los vagabundos tienen la casa más grande de todas, por eso, a veces se pierden. Entre ellos hay quienes conocen la importancia de la compasión y quienes ya no conocen ni su nombre, pero con seguridad tu experiencia y la de muchos otros te haya hecho un poquito más generoso…, al final, todos los tinglados y mansiones se caen y sólo queda lo que haya dentro de uno.
ciertamente Carlos, tenemos varios yoes!!! pero dime, como eres tu? Ahora tsmbién te lee mi esposo. Vas a escribir otros 3 como los de tu tierra, Torron? Conoces Italia? Y dime que playas de Alicante conoces, porque mi esposo es de ese bello lugar…
Almudena, yo soy como el mexicano en España, que trata de conocerse en el espejo y a través de la mirada de otros. Hay varios temas que escribiré por partes, pero siempre trataré de relatar episodios breves como los de Alicante. De Italia conozco algo de su arte literaria y pictórica, y a dos de mis mejores amigos, de Alicante recuerdo especialmente la playa de San Juan y su mar, como agua para chocolate.