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Han pasado semanas desde que Manolo y Amantis se conocieron y ya empiezan a considerar el hecho de estar juntos, aunque sea muy a escondidas.
Ninguno tenía muy claro cómo habían llegado hasta ahí en apenas un rato, se habían encontrado en ese laberinto digital que eran las redes sociales.
Me acuerdo del sonido de los trenes porque desde niño les conocí por dentro. Mi abuelo fue maquinista y algunos tíos y primos trabajaron como garroteros, balanceando desde el cabús una linterna de petróleo con la mano para dar señales al maquinista.
Cuando yo iba a los conciertos de rock andaba de pelo largo, ropa y botas negras, como muchos otros. Los chicos en Plaza de España en cambio iban de pantalones caídos, camiseta XXL, cachucha y tenis desabrochados.
Habían pasado 10 años, algunas cosas habían cambiado y otras no, pensé en qué interés podía tener para los demás la vida de un mexicano en este país.
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Un mexicano en España IX (3 de 3)
// Amantis y Manolo
¿Dónde estamos?
Router En la orilla, en la parte alta
Amantis y Manolo
… ¿Y ahora qué haremos? ¿qué nos enseñaremos para causarnos asombro el uno al otro?
Router Lo que tengan dentro //
/ Hacker Ninguno recordaba bien quién lo había propuesto, pero para el caso era lo mismo. El tiempo había pasado tan rápido como la conexión que los había unido, y aquella vez, después de quedar para mostrarse online un trozo de la tierra de cada quien, Amantis y Manolo habían recorrido sendos caminos desde sus lugares, y se habían mostrado a sí mismos en su entorno, hasta llegar allí, a donde Amantis había encontrado una roca grande y lisa cuya parte enterrada era muy firme, como el mismo pico del Cerro de la Silla, y Manolo vislumbraba el horizonte claro desde el techo de la Torre Picasso. Así recordarían esos días, y así serían recordados por todos los que les siguieron con el ejemplo, hasta que hubo historias en movimiento de todos los rincones del mundo.
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Uno La verdad no imaginaba hasta dónde llegarían, no por la distancia que es relativa, sino por la esperanza, que es precaria. Han tomado una vista muy bonita del Paseo de la Castellana de Madrid, yo estuve ahí y lo que más me asombró fueron las torres inclinadas Kio, porque si te pones debajo tienes la sensación no de que caerán, sino de que te miran; además, creo que es más logro hacer unas nuevas torres de Pisa por la belleza misma y no por el desgaste. Fue sensacional ver Madrid a través de la cámara, moviéndose al paso de Manolo, escuchar a la gente, entrar también al bar y pedir un café, y ver esa tacita diminuta chocar contra la barra, haciendo ese sonido que dicen que rebota de pared a pared en los Bares de Madrid. Los felicito, espero que todo les vaya bien.
Dos Uno, yo en cambio soy de Madrid y fui a Monterrey por negocios, aunque decidí quedarme más tiempo cuando supe que el olor a carne asada no era una casualidad cada fin de semana. Me pareció simplemente increíble que una ciudad en el desierto construya un canal artificial, el de Santa Lucía, que atraviese su centro y que encima se abastezca de los mantos acuíferos subterráneos, y sólo para que la ciudad fuera más bella. Fue una suerte que no se mojara la computadora de Amantis en el trayecto sobre el agua, y está guay la imagen de su rostro con el Museo de Historia Mexicana de fondo, esa gran casa blanca llena de ilusiones que simulan objetos, y Amantis, con el maquillaje derritiéndose después de salir de ese túnel de enamorados donde le dijo aquello a Manolo… Que no se les acaben las historias chicos.
Tres Pero qué calor que hace en Monterrey, a diferencia del calor húmedo de Madrid ahí uno se siente como esas manzanas que venden por las calles de su Zona Rosa bañadas en caramelo. Me habían hablado mucho de la Macroplaza pero tuve qué recorrerla dos veces para apreciarla por primera vez: una para verla con luz ultravioleta, y otra para verla con luz de luna. Luego a mí la parte que más me gustó fue cuando Manolo llega hasta el Museo del Prado y se toma a sí mismo delante de la estatua de Velázquez justo cuando por detrás de ella van pasando unos operarios cargando un enorme espejo. Y las calles alrededor de la Opera en Madrid, para mí siempre han sido como hechas para ser postales y no al revés.
Webmaster Tres, esas cosas suceden, como cuando Amantis se quedó un rato tomando la caída del agua en la cascada de la Cola de Caballo, se había puesto a recordar lo que había visto en el camino de la montaña: las veces que se había detenido para hacer un close-up a alguna flor, el niño que le hacía señas montado sobre los hombros de su padre justo cuando se asomaron los hilos de agua en las alturas. Amantis se había acercado al niño y entonces éste sacó un rehilete que empezó a girar con el viento. Recuerdo el suave sonido de su asombro, “el Oráculo”, dijo. /
/ Hacker Amantis dio un golpecito al rehilete tricolor que había colocado junto a la ventana, y se quedó viendo el cielo. Recordó las noches de viento frío y seco en su pueblo, las noches en que dormía con sus amigas sobre los techos, dormidas y a la vez espantando a los mosquitos. Oyó la voz de Manolo que la llamaba a probar la paella desde la cocina. “Ese arroz amarillo con seres extraños” pensó. Miró la pantalla del ordenador, había conectados cientos de amigos -y con ellos cientos de lugares en movimiento, plazas, calles, edificios y culturas- y cada uno era libre de escoger quién veía a través de sus ojos, y cada uno que veía era libre de creer que eso que veía era un pedazo del mundo que también le pertenecía. /
// Amantis y Manolo
Nos gusta recordar, pero siento que nos observan
Router Son restos de información inservible, y el eco de futuros programas
Manolo y Amantis
Queremos quedarnos sólo en el presente
Router Pueden guardar su nueva configuración, y presionar enter
Manolo y Amantis
Sí, tenemos mucho qué hacer de este lado… Hasta luego. //
Unexpected shutdown detected
Initializing in 3, 2, 1…
Carlos Manuel Torres Guerrero / criticarlos.wordpress.com