Las arquitecturas barrocas y neoclásicas de su casco histórico, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1987, son el testimonio más evidente de lo que Puebla fue en la época colonial. Su estratégica ubicación, entre Ciudad de México y Veracruz, la convirtió en la segunda ciudad en importancia de la Nueva España, no sólo por ser el centro de las operaciones comerciales derivadas de la ruta maritima de la Nao de China, que iba de China al puerto de Manila de las Filipinas y de ahí al puerto de Acapulco, sino también por suministrar frutas, verduras, hortalizas y trigo a otros puntos del Imperio Español.
La influencias orientales y europeas que recibía la por aquel entonces llamada Puebla de los Ángeles, se adivinan en la artesanía regional y sobre todo en los platillos típicos poblanos, entre los que destacan el mole y los chiles en nogada. No hay viajero que se resista a probar el mole poblano que ofrecen prácticamente todos los restaurantes de Puebla y muchos puestos de los mercados callejeros.
Cultura y gastronomía son de hecho los dos puntos fuertes de la capital del estado de Puebla en cuanto a lo que a reclamo turístico se refiere. De ahí las inversiones de empresas extranjeras en la ciudad que, desde la década de los 90, se han traducido en la ampliación de la planta hotelera de Puebla con propuestas boutique y de diseño a la última, y de su oferta de restauración -ya de por sí amplía y variada- con restaurantes de nouvelle cousine y cocina fusión.
La ruta monumental de rigor por el casco histórico de Puebla incluye paradas en La Catedral (1575), con fachadas barrocas y dos torres campanario de casi 70 metros; en el Palacio Municipal, un edificio construido en cantera gris, de estilo renacentista; en La Concordia y el Patio de los Azulejos, uno de los edificios más representativos de la arquitectura barroca poblana; en la Universidad Autónoma de Puebla, con tres patios interiores, un observatorio, la biblioteca La Fragua y el salón barroco; en el Palacio Federal del zócalo, antiguo Palacio del Arzobispado, una arquitectura colonial revestida de ladrillo rojo y azulejo de talavera; y en los templos barrocos de San Francisco y de Santo Domingo.
Ana Rízquez
suenaMéxico recomienda:
Llegar: Puebla se encuentra a 136 kilómetros al sureste de Ciudad de México, a unas dos horas por la autopista. Cuenta con el Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán, situado a 23 kilómetros al noroeste de la ciudad, en el municipio de Huejotzingo.
Dormir: En Camino Real Puebla, instalado en un convento del siglo XVI rehabilitado para uso hotelero; o en La Purificadora, un hotel de diseño firmado por Ricardo Legorreta que sorprende a los huéspedes con una piscina panorámica y transparente visible desde el restaurante y el vestíbulo.
Comer: El Mesón Sacristía de la Compañía y el restaurante de La Purificadora, regentado por el chef Olvera, ofrecen opciones gastronómicas de corte contemporáneo. Platos tradicionales como el mole o los chiles en nogada pueden probarse en cualquier puesto callejero. Otros bocados típicos de Puebla son las cemitas, un tipo especial de pan con ajonjolí que se rellena con ingredientes al gusto. Las preparan muy bien en Cemitas las Poblanitas en el mercado El Carmen.
Tomar: En la azotea del hotel La Purificadora, la Terraza ofrece la posibilidad de tomarse una primera copa con vistas a la iglesia de San Francisco, del siglo XVI. En el Bar Ópera, en pleno centro histórico, lo típico es tomarse un menjul, un cóctel elaborado con hierbabuena, azúcar, crema de cacao, ron y jugo de naranja.
Comprar: Artesanías como la talavera poblana, el grabado y pinturas en papel amate, diseños en ónix y mármol, loza de café vidriada del barrio de La Luz, árboles de la vida de barro policromado. En la calle 6 Oriente, más conocida como la calle de los dulces, se pueden comprar polvorones, suspiros de monja, caracoles, gaznates, viznagas, muñecos de almendra, borrachitos, dulce alfeñique y las tipiquísimas tortitas de Santa Clara (pastas glaseadas con dulce de pepita que elaboran las monjas de un convento cercano).
La experiencia: Los encantos de Puebla no se reducen a su casco histórico; otras zonas de la ciudad merecen un paseo sin prisa para disfrutar del paisaje humano y del ambiente de barrios como el del Artista, que se vertebra en torno a la plazuela del Torno, presidida por una fuente barroca. El barrio debe su nombre a los talleres de pintores y artistas que se suceden por sus calles. Otra experiencia recomendable es la visita a los mercados de los Sapos y El Carmen, donde se encuentran los ingredientes necesarios para hacer el mole poblano.
La foto: La fuente de la China Poblana, en el Blvd. Héroes de 5 de Mayo y diagonal Defensores de la República, es uno de los emblemas de Puebla.
Más información: Secretaría de Turismo del Estado de Puebla.






6 Comentarios
PUES YO VIVO EN VILLAHERMOSA TABASCO Y QUE DELICIA ES TENER LA COCINA POBLANA, LAS CEMITAS, LOS CHILES EN NOGADA, EL DISFRUTAR DE LA BELLEZA DE LAS MUJERES POBLANAS Y DE SU ARQUITECTURA ES UNO DE LOS GRANDES ORGULLOS DE ESTE LINDO PAIS
HOLA ATODOS YO SOY DE MERO PUEBLA PERO ESTOY EN EL EXTRANJERO Y EXTRAÑO EL MOLE POBLANO ES RIQUIZIMO SE LOS RECOMIENDO.
SALUDOS DESDE TEXAS
H.G.G
Necesito saber en donde puedo comprar el mole de puebla yo soy de nuevo laredo
GRACIAS
FRANCISCO SERNA CABRERA
Gracias chicos,
Os paso un link con la receta:
http://www.recetasmexico.com/ver_rec.php?id=1634
Como está complicado encontrar chile poblano fuera de México, se puede utilizar pimiento del corto y grueso… no enchila pero se puede rellenar. Además ahora estamos en época de granadas, así que ánimo y suerte con la receta!
¡ qué rico Ana ! nos hiciste recordar la comida mexicana…
yo también quiero receta de chiles en nogada, por si alguien tiene… a ver si conseguimos adaptarla con ingredientes de españa, a falta de los auténticos…
Excelente Ana…en lo personal el mole y los chiles en nogada son de mis platillos favoritos. Si no es mucha molestia, comparte la receta
Saludos!