Los espacios industriales como objetos de reflexión en el MuAC del D.F.

Las aportaciones, implicaciones y asociaciones que han generado los espacios industriales en el imaginario colectivo son el centro de atención de la exposición que estos días ofrece el MuAC del D.F.

Las aportaciones, implicaciones y asociaciones que han generado los espacios industriales en el imaginario colectivo -durante la época reciente- son el centro de atención de la exposición que estos días ofrece el MuAC del D.F. A través de registros muy diversos, un conjunto de artistas de renombre internacional convierten estos lugares en excusa creativa y de reflexión, así como también, aquellos procesos de producción que han tenido relevancia dentro de lo que ha sido el llamado pensamiento postmoderno. Estos procesos, como vías de constatación, como nuevas presentaciones y acercamientos de las realidades, ubican al hombre en una posición en la que ve intervenido, indefectiblemente, su ser y estar. A modo de un catálogo de propuestas el comisario de la exposición, Alberto Sánchez Balmisa, propone acercarnos a estas revisiones críticas que, además de su mirada hacia la producción industrial quieren ser, también, miradas sobre aspectos del individuo que se ha venido configurando en las últimas décadas y que se correlacionan con asuntos explorados por artistas de la exposición.

Una máquina, una fábrica, un cuerpo… Arqueología y memoria de los espacios industriales es un esfuerzo conjunto entre el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MuAC), la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (SEACEX), el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (AECID) del Gobierno de España y el Centre d’Art la Panera (Lleida), donde acaba de verse esta exposición. Con algunas incorporaciones de artistas, frente a los mostrados en la ciudad catalana, en México puede apreciarse hasta febrero del próximo año el trabajo de: Oliver Boberg (Herten, Alemania, 1965), Edward Burtynsky (Ontario, 1955), Octavi Comeron (Barcelona, 1965), Chen Chieh-Jen (Taiwán, 1960), Stéphane Couturier (Neully-sur-Seine, 1957), Peter Downsbrough (Nueva Jersey, 1940), Harun Farocki (República Checa, 1944), Alicia Framis (Barcelona, 1967) y Thomas Ruff (Alemania, 1958); agregándose de la Colección Charpenel de Guadalajara, obras de Atelier Van Lieshout, Liam Gillick (Reino Unido, 1964) y de los mexicanos, Damián Ortega (México, D.F.,1967) e Idaid Rodríguez Romero (México, D.F.,1975). A pesar de las amplias diferencias creativas que poseen todos estos creadores, sus trabajos se alejan de la autoreferencialidad en beneficio de indagaciones de orden más bien metalinguístico, que sirven para abordan las implicaciones culturales y sociales de los espacios industriales desde su relación con discursos diferentes.

La obra de Edward Burtynsky, por ejemplo, de gran interés conceptual y visual, da cuenta de cómo los procesos industriales vienen reconvirtiendo nuestro entorno natural. El impacto de sus imágenes se funda tanto en la trascendencia de las situaciones que denuncian, siempre llenas de gran artisticidad, como en la importancia que posee lo mostrado en el marco de la intervención sufrida en el ámbito natural. En esta exposición también puede verse un grupo de imágenes de espacios industriales chinos donde –a través de la mirada poética de Burtynsky- se ilustra la mecanización que sufre el hombre en su espacio laboral. Haciendo uso del mismo medio, el fotográfico, Stéphane Couturier presenta con la serie Melting Point Toyota (2005) imágenes donde queda desdibujada la realidad de la ficción, en una mezcla abigarrada de planos que, mientras incitan la reflexión sobre la complejidad de procesos industriales como el automovilístico, también traducen la mimetización que sufre hoy el individuo en un entorno que lo sobrepasa tecnológicamente y del que no puede escapar. Estas imágenes, muy representativas para la muestra, producen una sensación contradictoria entre atracción y hostilidad muy propia, precisamente, de nuestro tiempo.

El único representante asiático de la exposición, Chen Chieh-Jen, documenta con el video Factory (2003) un proceso que se ha venido dando a lo largo de los años, gracias al profundo desarrollo de la tecnología que viven potencias económicas como su país: deslocalización industrial. Chieh-Jen retrata, con agudeza, emotividad y gran sentido estético lo que ha representado dicho proceso para miles de mujeres. Los gestos y las actitudes de todas las protagonistas del video -que no posee audio porque ninguna quiso dar su testimonio verbal- se ven acompañados de imágenes antiguas de trabajadores alienados que son homologados a los de la actualidad.

Por su parte, Oliver Boberg reflexiona sobre los no-lugares a través de su pieza Factory Site (2002), perteneciente a la serie Nacht-Orte (Lugares nocturnos). La imagen del transcurrir de la noche en la parte exterior de una fábrica -que en realidad es cualquier fábrica- constituye el punto de atención del cortometraje que minimiza cualquier carácter peculiar de los espacios industriales, para ofrecer una imagen estereotipada de ellos. En el caso de Damián Ortega se presenta Auto construcción II (motor) (2006), -de la misma serie de Cosmic Thing (2002)-, con la que el artista propone otra mirada hacia lo industrial a partir de la capacidad de estetización de sus productos. Esta pieza, como todas las demás, permiten decir que Una máquina, una fábrica, un cuerpo… Arqueología y memoria de los espacios industriales, ha querido ofrecer al público un acercamiento hacia un aspecto absolutamente cercano de nuestra cotidianidad, la naturaleza e implicaciones de los espacios industriales, pero desde perspectivas: artísticas, intimistas, críticas, e incluso, apocalípticas. En ellas, la alienación, la soledad, la diferenciación de clases, los estereotipos, la mirada al pasado, la referencialidad local y el opuesto de ésta, convergen como conceptos que dibujan, paralelamente, imágenes del individuo de hoy.

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