Entre la transgresión de convencionalismos y la exaltación de la materialidad. La obra de Franz West llega al Museo Tamayo del D.F.

Por vez primera un museo latinoamericano dedica una exposición a Franz West (Viena, 1947), figura reputada del arte europeo durante las últimas tres décadas y pieza clave del arte austríaco. La muestra Franz West. Elefante blanco constituye una iniciativa gubernamental notable y una oportunidad única para el acercamiento del público a un trabajo artístico de gran interés.


Por vez primera un museo latinoamericano dedica una exposición a Franz West (Viena, 1947), figura reputada del arte europeo durante las últimas tres décadas y pieza clave del arte austríaco. Este creador es conocido por sus valiosas aportaciones al discurso escultórico y su detracción al valorado accionismo vienés -movimiento significativo que ha dejado huella posterior en el arte por su carácter transgresor, violento e incluso grotesco en contra del arte imperante de los años sesenta, y por el sentido de la acción como forma de ejecución-. West ha expuesto en las plazas y eventos más importantes del mundo del arte como el MoMA de Nueva York, la Whitechapel Gallery de Londres, la Kunsthalle Wien, el LACMA de Los Ángeles, la Biennale de Venecia o la Documenta de Kassel. Por estas razones, entre muchas otras, la muestra Franz West. Elefante blanco constituye una iniciativa gubernamental notable y una oportunidad única para el acercamiento del público a un trabajo artístico de gran interés.

Veinte obras, entre esculturas, muebles, videos, instalaciones, collages y los famosos adaptives o passtöcks, hacen gala del sentido lúdico y colorista de la obra de West, que persigue infringir los convencionalismos en torno al valor objetual del arte y las formas de estandarización de su aprehensión y contemplación. La experiencia artística que persigue West, antes de cualquier gesto de esteticidad creativa, se articula en un cambio hacia la relación usual del público con el arte, exhortándose a la participación con lo creado. Es por ello que la vivencia desde lo corporal y la modificación de nuestra mirada hacia la naturaleza de la objetualidad en la propia cotidianidad, son los pilares sobre los que West asienta sus investigaciones conceptuales y plásticas. Ese convencimiento en la necesidad de la interacción entre el arte y el público le ha llevado con el tiempo a aumentar considerablemente la escala de sus piezas, y ha estimulado la creación de sus adaptives, los cuales también han ido aumentado de escala. Éstos, conocidos como objetos manipulables por el público -realizados en poliéster pero con absoluta apariencia de escayola-, son las formas escultóricas que sientan el precedente más claro en West para conectar las obras con el espectador; situación que también busca con sus sillones, sillas y bancos que crea, pero en este caso, por la escala, más que manipularlos, el público puede utilizarlos.

Tan importante como la escala en la obra de West son los materiales seleccionados. Metal, papel maché, yeso, cartón, alambre, gasa o aluminio se presentan cubiertos de pintura blanca o de fuertes colores como llamamiento a despertar una experiencia emotiva y sensorial pero también, sin duda, háptil. Esta sensación, estudiada y defendida por Herbert Read, se corresponde absolutamente con las piezas de West, ya que es aquella que nos incita a la relación con las piezas a través del sentido más anulado en la experiencia institucionalizada del arte: el tacto.

En Franz West. Elefante blanco, el público tendrá la oportunidad de apreciar cómo el artista se divierte con la producción de un arte creado ex profeso rústico, burdo, sobredimensionado y, en algunos casos, con cierta estridencia visual, pero siempre cargado de un extraño carácter de emotividad. Patrick Charpenel, conocido comisario y coleccionista mexicano, ha sido el encargado de concebir esta muestra que con su título busca expresar la naturaleza de las piezas del artista, es decir, grandes objetos que exaltan su materialidad y tosquedad, carentes de función concreta, imponentes y cercanas, por su carácter háptil, pero a la vez lejanas, al parecer estar inmersas en un mundo surrealista del que se nos invita a participar pero al cual sólo unos son capaces de entrar, tras despojarse de las limitaciones formativas que nos han impuesto culturalmente.

Mónica Núñez Luis / views of art

webSite del Museo Tamayo para más información

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