Para Cortés, alegrías

Entre los aztecas, el amaranto era especialmente consumido por los guerreros por su alto valor energético y su enorme resistencia a la sequía.


Hace muchos, muchos años, estuvimos a un pelo de rana de perder, para siempre, las deliciosas alegrías del amaranto. Cuando los conquistadores españoles llegaron a América se toparon con civilizaciones muy avanzadas; sin embargo, el mundo les guardaba una serie de sorpresas con formas que les parecían de otra dimensión: montañas humeantes cubiertas de nieve, iguanas exóticas que no sabían identificar ni como aves ni como peces, cavernas subterráneas convertidas en templos y plantas de frutos inigualables. No tardaron mucho en descubrir que las plantas eran objeto de culto entre los indígenas, que apreciaban su valor nutricional y social a tal grado que eran ofrecidas a los dioses y muchas veces también utilizadas como moneda.

Sí, todos sabemos del maíz y del frijol, pero pocos saben de la importancia que tenía el amaranto para los pueblos precolombinos. Existe evidencia arqueológica del uso de esta planta desde el año 4,000 a.C. en Veracruz y Puebla, lo cual sugiere que su origen es sudamericano. Entre los aztecas, el amaranto era especialmente consumido por los guerreros por su alto valor energético y su enorme resistencia a la sequía. Se practicaba un ritual en el que las mujeres molían harina de amaranto con maíz, que se amasaba con miel o sangre de las víctimas de sus conquistas y con la cual se modelaban estatuillas de dioses que eran luego comidas por los guerreros. Esto fue demasiado para los ojos de Cortés, quien estableció que la planta de amaranto era perversa; inmediatamente, el blanco barbado mandó prohibir su cultivo e instauró una ley que prohibía su consumo o portación so pena de perder las manos; aunque tal vez no todo era una cuestión ideológica: extrañamente, los guerreros estaban cada vez más débiles sin el amaranto… y ya conocemos el resultado. Así, prohibido y pisoteado por los españoles, fue como el amaranto cayó en el olvido.

Afortunadamente, en la actualidad son pocas las plantas que conservan ante nuestra mirada la imagen de perversas. El amaranto se ha sacudido completamente el mote y está en pleno reconocimiento. Ahora sabemos que el amaranto es una planta versátil que puede consumirse como verdura, forraje o semilla y cada vez se le van descubriendo más virtudes, como su fuerza para prevenir la osteoporosis, la obesidad, la diabetes y muchos otros padecimientos. Hoy en día la prohibición de Cortés ha sido desechada, podemos cultivar amaranto y hacer galletitas con sus semillas reventadas y miel. Y en cuanto a Cortés… pues ofrezcámosle alegrías.

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