Lo primero que viene a la memoria es, sin duda, el guacamole, luego el sabor espeso y delicioso que, en su versatilidad, acompaña a casi cualquier comida. Estas características, así como su característico color amarillo y verde, hacen del aguacate un ejemplo de colonización de paladares hacia exterior –cada vez más países, como Francia, lo eligen para acompañar su cocina-.
Originaria de México, la planta del aguacate (Persea americana) se originó en el centro del país entre el 7000 y 5000 A.C. pero fue cultivada hasta el 500 A.C. El aguacate es un árbol frondoso, de hoja perenne, que puede llegar a medir 30 metros de altura, y pertenece a la familia de las lauráceas. Existen tres familias: la mexicana, la guatemalteca y la antillana. El color del fruto varía de verde a morado, así como el tamaño y contenido de aceite del mismo –oléico, como el aciete de oliva-. El nombre deriva de la palabra náhuatl ahuacatl que significa testículos.
En México, los principales productores de este fruto son los estados de Michoacán, Nayarit y Morelos, aunque se cultiva en casi todo el territorio nacional tanto para consumo interno como para exportación a Estados Unidos, Canadá y Centroamérica. Su cultivo se ha extendido a otros países del mundo como España, Francia, Indonesia, Israel, Australia y Chile, entre muchos otros.
Si bien su popularidad se debe principalmente a su sabor, el fruto ofrece muchas otras ventajas como un alto contenido de vitaminas (A, B1, B2, B3 y E), minerales (hierro, fósforo y magnesio) así como ácido fólico, por mencionar algunos. El árbol se utiliza en la industria cosmética y farmacéutica. La versatilidad y sabor de este fruto de origen mexicano queda no sólo en el paladar sino en la memoria, de ahí que cada vez la demanda del mismo aumente.





Un Comentario
Creo soy privilegiada por haber nacido rodeada de aguacatales, mi padre cultivaba una variedad de mínimo 6 clases, eran una delicia, ahora dificilmente se consigue tanta variedad por lo menos en la ciudad.