David LaChapelle (Connecticut, 1963) es ampliamente conocido por la singularidad de su estilo pero, sobre todo, por haber tenido frente a su lente a las personalidades más afamadas del mundo de la música, el cine y la moda. El trabajo de este fotógrafo posee un sello bastante distinguible gracias a su fascinación por la cultura pop -exaltada desde la exploración de sus elementos más característicos-, así como por el tratamiento de ciertos contenidos presentes de forma reiterada en sus instantáneas, videos y trabajos publicitarios (misticismo, femineidad, masculinidad, erotismo…). Una buena representación de su obra podrá verse hasta mediados de noviembre en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara, en una exposición ya presentada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso del D.F.
Delirios de razón (Delirium of reason), título muy idóneo al pensar en la obra de LaChapelle, ofrece poco más de sesenta obras en diversos formatos donde situaciones absolutamente teatralizadas, surrealistas, desbordantes de extravagancia y sofisticación, e incluso irreverentes, en algunas ocasiones, conforman el denominador común de puestas en escena, con frecuencia, divertidas, que no escapan al sentido crítico. Este aspecto constituye una de las preocupaciones más importantes para LaChapelle, quien busca cuestionar la sociedad de consumo y, en particular, uno de los aspectos más comunes de ella: la vanidad.
A inicios de los ochenta LaChapelle comenzó su carrera orientada hacia la pintura pero muy rápidamente se decantó de forma definitiva hacia la fotografía, la cual se ajustaba mucho más a su talante e intereses personales. El haber tenido la oportunidad de frecuentar un círculo de gente influyente, entre los que se encontraban Andy Warhol -que le apoyó en sus inicios-, probablemente incitó a LaChapelle a indagar en un contexto que tenía la vanidad como elemento natural. Pero ésta, la reivindicación de su homosexualidad, además de otros factores, han construido un discurso que hace pensar si el sentido del trabajo de este artista se orienta realmente hacia la crítica o si representa, más bien, un camino para el enaltecimiento de algunas de las ideas que cuestiona; ya que el carácter sarcástico sobre ellas no siempre posee un manejo claro que facilite su lectura reflexiva.
Siete apartados, con fotografías de mediano y gran formato, complementadas con videos de la realización de dos piezas e instalaciones fotográficas, demuestran la carga de esteticidad que en todo momento se maneja en una obra difusamente ubicada entre la artisticidad y el carácter publicitario. Bien es cierto que LaChapelle ha creado múltiples campañas para firmas afamadas y figuras musicales de primera línea (Elton John, Jennifer Lopez, Amy Winehouse, Robbie Williams…), no obstante, al observar la naturaleza de los colores explosivos y las texturas atrayentes de sus fotografías, además de la iluminación como uno de los elementos más destacables, surge la idea de que este artista apela al retoque fotográfico, pero, dice no hacer uso de él.
Entre los múltiples aspectos que llaman la atención del trabajo de LaChapelle se observa sus referencias a la historia del arte, de la cual puede apreciarse el apoyo en su admirado Miguel Ángel. El amparo en recursos de este tipo, el esmero de la factura estética y las características de los contenidos de LaChapelle, más allá de la empatía o no con su estilo, obligan a posicionar a este creador como una expresión particularmente representativa de los tiempos que corren.
Mónica Núñez Luis / views of art





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